Monday, July 26, 2010

El aspecto real de los extraterrestes




De acuerdo con Génesis 1:27, “Dios creó al hombre a Su imagen”. De acuerdo, pero ¿qué pasa con todos los otros habitantes cósmicos inteligentes? Bueno, Hollywood se ha ocupado de eso. Ha creado a los alienígenas a la imagen del hombre.

Difícilmente será una gran revelación señalar que en la mayor parte de las películas los alienígenas guardan una fuerte semejanza con los humanos. Normalmente tienen cabezas bien definidas y dos de cada cosa: ojos, agujeros de la nariz, brazos y piernas móviles. Son fuertemente antropomórficos, y si alguno de estos pequeños gamberros sin pelo se muda a tu barrio, probablemente los invitarías a cenar.


Los alienígenas que nos recuerdan a nosotros son adecuados para contar historias, debido a que ya sabes cómo leer sus intenciones. Los gestos de comportamiento son familiares, y puedes decir si su plan de juego es amoroso o agresivo. (En la mayor parte de las películas estas son las únicas opciones).
Pero, ¿hay alguna razón para pensar que los auténticos alienígenas, de un sistema estelar a miles de años luz de distancia, tendrían una apariencia similar a los monos evolucionados que ahora llamamos Homo sapiens? Algunos científicos, como el paleontólogo de la Universidad de Cambridge Simon Conway Morris, creen que sí.

Después de todo, existe un fenómeno en la naturaleza conocido como evolución convergente. Es la tendencia de un proceso evolutivo a encontrar soluciones similares a un reto ambiental dado. Por ejemplo, si eres un depredador cuya existencia depende de capturar tu comida a diario, probablemente tengas dos ojos con campos de visión superpuestos. La visión en estéreo es una auténtica mejora para abalanzarse sobre tu presa.

De forma similar, para las criaturas marinas que necesitan velocidad, las leyes de la hidrodinámica favorecen los cuerpos largos, delgados y aerodinámicos. La evolución convergente ha asegurado que las barracudas tienen la forma de los delfines, incluso aunque los primeros son peces y los segundos mamíferos. Tener la forma de un torpedo funciona mejor.

Este mecanismo a menudo es invocado por los escritores de ciencia-ficción como una explicación conveniente de por qué muchos de sus protagonistas alienígenas recuerdan a los habitantes de la tierra con una capa de ácido de batería. (Incluso el lenguaje – “evolución convergente” – que está tan poderosamente latinizado, revela el mérito académico y la plausibilidad científica.)

Como consecuencia, es posible que una forma homínida sea el mejor plan para un cuerpo de un ser sensible de otro mundo, y sin duda Tinseltown estaría encantado de saber que sus alienígenas de traje de goma son buenas aproximaciones a la realidad. Pero apostaría dinero a que los extraterrestres que detectemos no serán tipos musculados con profundas voces y frentes corrugadas, o incluso grises sin pelo de grandes ojos. Y no porque tales criaturas no puedan existir.

Sino debido a la escala de tiempo para la evolución no biológica.
Aquí está la clave: se piensa ampliamente que los alienígenas están allí fuera. Pero para probarlo se requiere lo siguiente: Los alienígenas tienen que visitar la Tierra (¡no empecemos!) o necesitamos detectarlos con nuestros telescopios – por ejemplo, en uno de nuestros experimentos SETI. En cualquier caso, estamos tratando con seres cuyo nivel tecnológico está más allá del nuestro. Esto debería ser obvio debido a que, después de todo, no estamos en un punto en el que podamos embarcarnos en un viaje interestelar. Y para estar en contacto a través de señales, no estamos lanzando continuas y potentes transmisiones a grandes cantidades de otros mundos. No tenemos ni el dinero ni el equipo, tal vez algún día.

De hecho, no importa cómo los encontremos – en el jardín trasero, en la radio, o a través de nuestros telescopios – cualquier alienígena detectado estará al menos a un siglo más allá de nosotros. Tal vez a un milenio o más.

Bien. Pero, si están más allá de nuestro nivel técnico, ¿qué podemos decir sobre su apariencia? Bueno, usando nuestra propia experiencia como guía, considera un desarrollo humano que parece probable que tenga lugar en algún momento del siglo XXI: inventaremos una máquina inteligente. Algunos futuristas imaginan que este asombroso desarrollo tendrá lugar antes de 2050. Puede que lleve el doble de ese tiempo. No importa. Para 2100, nuestros descendientes apuntarán que este fue el siglo en el que engendramos a nuestros sucesores.

Por lo que aquí llegamos al punto clave: Dado que cualquier alienígena que detectemos estará más avanzado que nosotros, ellos ya habrán dado este paso; habrán hecho esta transición de la inteligencia biológica a la de ingeniería, y dejado atrás el pintoresco paradigma de cerebros esponjosos en agua salada.

En otras palabras, a pesar de lo que “Expediente X” te habría hecho cree, el tipo de alienígenas humanoides de carne que rutinariamente pueblan la ficción es improbable que sea el tipo que descubramos. En lugar de esto, serán máquinas. Me lo apuesto.

Todo esto me recuerda una cosa: la próxima vez que tu vecino afirme que los extraterrestres en una ocasión lo sacaron a rastras de su habitación para hacerle unos experimentos de mal gusto, pregúntale si el abductor era un ser protoplásmico con cuatro miembros o algún tipo de hardware complejo. Creo que ya sé cuál será la respuesta, y es la incorrecta.

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