Thursday, October 28, 2010

El Cocodrilo Gigante de Burundi

 

Gustave es un cocodrilo macho enorme que vive en una isla paradisíaca situada en medio del río Ruzizi, en la frontera triple entre Burundi, Ruanda y la República Democrática del Congo.

Se le estiman 6 metros de largo y un peso de 900 kilos, lo que le convierte en el mayor cocodrilo jamás registrado en África, el mayor de su especie (cocodrilo común o del Nilo, Crocodylus nilotycus) y en uno de los más grandes del mundo. Se cree que tiene un mínimo de 60 años (la esperanza de vida normal para su especie es de 45) y, como es normal en los reptiles, sigue creciendo.

También sigue siendo fértil y apareándose, aunque actualmente tenga más problemas que sus parientes y vecinos para encontrar una hembra lo suficientemente robusta como para aguantar una sesión de sexo con él. En su más de medio siglo de vida ha engendrado a cientos de vástagos de todas las edades, que siguen pululando por las mimas aguas que él habita. Uno de ellos, Gatumba, es también enorme y vive junto a él en su isla, aunque prefiere ausentarse cuando papá está especialmente violento (cosa que suele ocurrir en la época de celo).





Pero ninguno de estos récords es el que ha hecho famoso a este animal tanto como el hecho de haber matado y comido a unas 300 personas en los últimos años.

Gustave es demasiado grande como para alimentarse preferentemente de peces y otros vertebrados acuáticos pequeños, como es normal en otros cocodrilos.

En su lugar, la base de la dieta de Gustave la componen cebras, ñúes, ganado y, cada vez más, personas. También es, que se sepa, el único cocodrilo que ha tenido los cojones de atacar y comerse a un hipopótamo adulto. Lo normal es que los cocodrilos huyan de éstos y que si alguno es lo suficientemente osado como para amenazar a una cría, acabe hecho trizas en las fauces de un hipopótamo adulto.

Con Gustave ocurre lo contrario: son los hipopótamos los que le respetan y procuran mantenerse alejados de él, poniendo pies en polvorosa si se acerca con aire demasiado decidido.




En su zona de correrías (que comprende todo el tramo bajo del Ruzizi y la costa noreste del lago Tanaganika, donde desemboca el río) se dice que Gustave, del que se habla como una leyenda viviente, desarrolló su especial apetito por la carne humana durante la guerra civil que empezó en 1993 y aún colea, cuando uno de los jefes guerrilleros hutus lanzó los cadáveres de las decenas de tutsis que había masacrado a las aguas del lago. Los miles de refugiados que cruzaban el río durante la década de los noventa con el fin de refugiarse en la vecina República Democrática del Congo constituyeron una presa fácil y apetitosa, y fue así como nació el mito.

El lugar donde descarga el grueso de sus ataques varía de un año para otro; así, en 1998 la aldea de Kabezi tuvo que hacer frente impotente a la pérdida de 23 de sus habitantes de forma consecutiva, una de las veces viendo como el monstruo se metía de lleno en las calles del pueblo para atrapar a un estudiante de 15 años y llevárselo al agua, ante la atónita mirada de los vecinos y sin hacer el menor caso a las ráfagas de los AK-47 que lanzaron sobre él los soldados del gobierno desplegados en la población.




Hatungimama Audifax es uno de los pocos afortunados que ha sobrevivido a un ataque de Gustave. Cuatro personas murieron en Voodoo Beach, la playa donde él perdió una pierna.

Son muchos los que han intentado dar caza a Gustave soñando con la fama y la riqueza que tal captura les reportaría, y lo único que han conseguido es no volver.

La dura piel correosa del cocodrilo muestra docenas de huellas cicatrizadas dejadas por todo tipo de armas, desde cuchillos a ametralladoras.

El gobierno de Burundi no tiene la captura del animal entre sus planes más inmediatos, pues tiene otras cosas más importantes de las que preocuparse, entre ellas la guerra civil todavía en activo.

Las autoridades se escudan además en el hecho de que la zona donde Gustave tiene su nido es una reserva protegida y por tanto vetada a la actividad humana, y que quien entra en ella lo hace de forma ilegal y por su propia cuenta y riesgo. Esto es cierto, pero también lo es el que Gustave no pasa todo el tiempo ahí y que, como ya se ha dicho, gusta de bajar hasta el lago, donde acecha y ataca a los barcos de pescadores y comerciantes que cubren la ruta que une la capital Bujumbura con las ciudades de Minago y Rumonge.

Si alguien es lo suficientemente chiflado o loco como para ofrecerse a capturarlo, tampoco se le pone ningún impedimento, aunque se le hace saber que las apuestas van a favor del cocodrilo. En 2002 un grupo de documentalistas franceses trató de capturarlo vivo usando una jaula gigante de 10 metros de largo, con una cabra viva como cebo.

Lo único que consiguieron es que Gustave se pasease a lo lejos mientras la montaban, y que se comiera a la cabra de madrugada (aún no se sabe cómo) sin caer en la trampa. Poco después atacó a dos hombres no lejos de allí, como si quisiera rematar su burla de forma macabra.

Gustave no es solamente viejo y grande, también es condenadamente listo. Mucho más listo que cualquier otro cocodrilo.





La jaula de 10 metros de largo usada sin éxito para capturar a Gustave.


Gustave desaparece de vez en cuando sin que se sepa adónde va, llegando a permanecer ausente hasta tres años.

La gente que vive en la zona lo sabe y desconfía ante quien afirme que el monstruo ha muerto, porque siempre vuelve. Tras la última de sus desapariciones, en 2003, hubo algunos que llegaron a especular con que ésta sería la definitiva, pues pasó el plazo usual y no volvió.

Había muerto de viejo, o alguien por fin lo había matado, decían. Incluso hubo alguno que contaba una fantástica historia según la cual lo habían capturado vivo y llevado a EEUU, a Sudáfrica o a Australia. Pero en Abril de 2007 regresó por la puerta grande, con un ataque espectacular sobre un grupo de pescadores en el lago Tanganika, llevándose a uno de ellos entre sus fauces.

Los que lo vieron reconocieron sin la menor duda la gruesa piel escamosa surcada por heridas de bala cicatrizadas. Era el viejo Gustave, que había vuelto. Y seguía en forma.

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